Uno de los mejores ejemplos de la importancia de la industria manufacturera de Banyoles y de la cual queda una instalación casi única en Cataluña -salvo el caso de Ripoll-, es el de la Farga de cobre situada sobre el rec Major y construida el año 1685 por el Común de la Villa, el mismo año que se firmaba con el abad del monasterio una Concordia por el control del agua del lago. El larguísimo pleito terminó con la posesión de las aguas en favor de la Villa y desde ese momento el lago y el agua procedente de él pasaba a ser controlado por el Común si bien el monasterio mantenía censos derivados de los molinos existentes en ese momento y entre otras condiciones.
Efectivamente, pocos días después de que se firmara la Concordia el Común adquirió el terreno, construyó la fragua y solicitó y obtuvo el permiso de la Alcaldía General ya que el trabajo del cobre, por su posibilidad de fabricar armamento , estaba sujeto a esta condición. Aquella fragua probablemente de dimensiones mínimas, con una sola rueda y un único martinete, fue explotada en régimen de arrendamiento pero al no dar el rendimiento esperado finalmente el Común optó por poner el taller a la venta en 1703 pasando la propiedad en manos de Miquel Bernich que inició una saga de forjadores.
A los pocos años se llevó a cabo una importante ampliación del edificio aumentando el número de ruedas y martinetes pero a finales de este siglo XVIII y por causas relacionadas con el mercado la producción bajó y obligó a los Bernich a buscar apoyos económicos, cosa que consiguieron a base de enlaces matrimoniales. Así entró en la propiedad de la fragua la familia Escatllar, una familia originaria de Besalú donde tenían una fábrica de papel y en el año 1897 Joaquim Escatllar Carreras instaló en este edificio tres tinas para hacer papel de fumar.
Para llevar a cabo la fabricación de papel de fumar en un edificio que tenía dos plantas de las que la baja era ocupada enteramente por la fragua de cobre y el piso para la vivienda del fargaire y su familia se había de ampliar y es así como se añadieron diferentes cuerpos a la construcción original tanto a la planta baja, como a continuación del plan de los martinetes de la fragua, como por encima de este nivel. El resultado de aquellas ampliaciones nos da la imagen actual del conjunto con el porche de entrada y las ventanas de los secadores en las plantas superiores.
A partir de ese momento el molino de papel con la fuerza, primero, de la rueda de cajones y más tarde, con la de una turbina situada bajo el porche y alimentada directamente desde la balsa, coexistió con la fragua de cobre y funcionaron simultáneamente hasta el año 1918 cuando se abandonó la fabricación de papel al morir Joaquim Escatllar. Hay que decir, finalmente que durante estos años de funcionamiento del molino papelero se construyeron diferentes cubiertos exteriores para esta función a la cota del piso y después del porche hoy desaparecidos.
La fragua de cobre funcionó hasta el año 1955 y el 1984 los Escatllar la cedieron al Ayuntamiento de Banyoles a cambio de compensaciones urbanísticas. La fragua de cobre de Banyoles actualmente conserva un martinete entero del siglo XIX con eje y mecanismo de fundición de hierro; otro, desmontado, del siglo XVIII enteramente de madera, incluida la rueda y el eje; dos ruedas más de madera bajo el canal de descarga; restos de la caja de vientos y de la trompa del sistema catalán; y dos fraguas, a parte de la esclusa sobre el rec Major. En el piso, recientemente se ha instalado un taller de papel que ofrece muestras de su fabricación manual.







