La primera regata llevada a cabo en el lago de Banyoles se remonta al 4 de septiembre de 1883. Después, y muy escalonadamente, vendrían más, pero casi siempre, y como es de suponer, eran regatas más de carácter festivo que competitivo. Esto cambió al año siguiente, concretamente el 15 y 16 de agosto de 1947, cuando se hizo el Campeonato de España de esta modalidad deportiva. Fue una competición organizada por el GEiEG y el Club Natació Banyoles en la que, además de los organizadores, participaron seis clubes más provenientes de diferentes partes del estado. Era la primera vez que en el lago se veía una competición de este nivel.
Paralelamente a estos hechos, a partir de los años veinte se empezó a valorar la calidad del lago como campo de regatas. De aquí que los años 1927/28 un equipo de remeros barceloneses, con el fin de entrenarse en un lugar adecuado y que reuniera mejores condiciones que las que daba el puerto barcelonés, vinieron muy a menudo con sus embarcaciones para prepararse y poder hacer un buen papel en las Olimpiadas de 1928. Un par de décadas más tarde, en concreto en 1951, serían los componentes del Club de Remo Ruber, los que escogerían el lago para llevar a cabo su entrenamiento de caras a las olimpiadas de Helsinki de 1952.
Este goteo de competiciones hizo que en Banyoles se empezara a tomar conciencia del remo de élite, de tal manera que el verano de 1958 se crea la sección de remo del Club Natació Banyoles.
Desde aquel verano de 1958, son muchas las fechas y hechos que habría que recordar y que hicieron que la ciudad de Banyoles fuera elegida subsede olímpica: como la inauguración de la pista olímpica de remo en 1964; el mecenazgo del cubano Pedro Abreu que hizo que el nombre del Club Natació Banyoles y el de la ciudad fuera conocido en todo el mundo; el Match de Seniors de 1985 y finalmente el Mundial Juvenil de 1991 que fue la antesala de las pruebas olímpicas celebradas en 1992 en el transcurso de los Juegos Olímpicos de Barcelona.
El lago fue olímpico durante siete días. Del 27 de julio al 2 de agosto. Las pruebas reunieron 45 países, 25 de los cuales se inscribieron en pruebas femeninas y 43 en masculinas. 67 tripulaciones femeninas y 133 masculinas completaron las 200 embarcaciones participantes. Alemania y Canadá, con cuatro medallas de oro, fueron los dominadores.
Los ingleses Matthew Pinsent y Steven Redgrave ganaron el doble scull y consiguieron su tercer título olímpico. Los hermanos italianos Giuseppe y Carmine Abbagnale, campeones olímpicos en 1984 y 1988, fueron segundos en Banyoles, donde también se impuso el esquifista alemán Thomas Lange. En categoría femenina, la rumana Elizabeth Ripa se impuso en esquife. Los honores serían especialmente para las canadienses Kattleen Heddle y Marnie McBean que ganaron el dos sin timonel y el ocho con timonel en Banyoles. Pero de todas las medallas, una de las más meritorias fue la de la canadiense Silken Laumann que dos meses después de un grave accidente, que prácticamente la apartó de los circuitos, compitió con la ayuda de una prótesis que le sujetaba la pierna y su esfuerzo le dio el bronce.
La selección española tuvo una actuación decepcionante y sólo uno de los cinco botes, el doble scull, se clasificó para la final A. Los remeros José Robert, Jordi Quer, Andreu Canales y Manolo Bermúdez, junto con el timonel Carlos Frente, que fue el deportista más joven de todas las especialidades de los Juegos, fueron los únicos deportistas del Pla de l'Estany que participaron.
Los Juegos comportaron una mejora y modernización en las comunicaciones viarias, gracias a las cuales se construyó una autovía que conectaba con la capital de la provincia; así como se rehicieron algunas calles de la ciudad. También gracias a los juegos se construyó el primer pabellón polideportivo y Banyoles vio nacer un nuevo barrio en la zona de la Draga. La Villa Olímpica, que se construyó para los deportistas y miembros de la delegación olímpica del 92, se convirtió, después de los juegos, en una nueva zona residencial más de la ciudad.







